jueves, 13 de octubre de 2011

Ahora.

Cuando la sonrisa se vuelve constante y sin más motivos que la increíble sensación al sonreír.
Cuando el motor del movimiento deja de ser la cabeza, y comienza a ser el corazón.
Cuando es posible cerrar los ojos y saludar al alma con un suspiro.
Cuando lo mejor de la historia es el problema, y el desenlace es sólo una consecuencia sin importancia.
Cuando la música es el avión más veloz, el único globo que te eleva por encima de donde pueden volar las aves.
Cuando la lluvia es la mejor compañera para caminar la fría ciudad, el Sol es el protector y las nubes la inspiración.
Cuando te ves en esa persona como si fuese agua cristalina.
Cuando te dejan de interesar los por qué, y empezás a construir las respuestas a los cómo.
Cuando todo lo que realmente necesitás se resume en una plaza y un mate.
Cuando la rutina deja de ser mala palabra, y comienza a ser sinónimo de aventura.
Cuando lográs sentirte liviano sin haberlo siquiera añorado.
Cuando llegás a la conclusión de que tu meta es no tener meta.
Cuando encontrás el lugar que te estaba buscando desde que naciste.
Cuando te cruzás con la vida y le aconsejás que se tome el tiempo con calma.

Cuando ves todo con esa mirada que sonríe, con esa sonrisa que no para de observar; cuando te das cuenta de que no tenés nada claro; cuando escribís rápido y entusiasmado, es cuando podés afirmar, sin duda alguna, que sos feliz.